cuando la noche se te caiga sobre las pupilas y te ponga el peso de cien anclas,
nomas duermete y dejate llevar...
ni te acuerdes,
que tus desgracias son muchas
que tu piel se avejenta
y que tu mente te hace jugadas que te amedrentan.
Ni te enojes,
si no he sido yo tu preciada posesión,
si no has podido hacerte de mi, supongo que no soy para tu uso
y pasion.
No me reclames,
que las noches se te hagan largas
que no te puedas levantar en las mañanas
y que se te han quemado las pestañas...
no tengo yo vela en el entierro
y menos lagrimas pa' funeral ajeno.